Las obras de la discordia

El problema se arrastra desde hace más de diez años y tiene su origen en 1995 cuando el Vaticano segregó el Obispado de Lleida y otorgó el control de las 111 parroquias de la franja de Ponent al Obispado de Barbastro-Monzón. Durante los siglos en que las parroquias de la franja de Ponent habían pertenecido a la Diócesis de Lleida, ésta fue haciéndose, a base de compras y permutas, con obras de arte sacro procedentes de Huesca. Una vez fueron independizadas de Lleida, el obispado de Barbastro reclamó la propiedad de las obras.
La disputa ha enfrentado al obispo de Lleida, Francesc Xavier Ciuraneta, y al de Barbastro-Monzón, Alfonso Milián. El primero asegura que las obras fueron “adquiridas pacífica y legalmente” y con “la conformidad y satisfacción” de las parroquias de procedencia, por la cual cosa no hay argumento ético y moral que aconseje devolver estos bienes a la sede episcopal de Barbastro-Monzón, donde no han estado jamás. Ciuraneta también alega que “el museo tomó bienes que estaban en mal estado o en desuso y frenó su deterioro”. Por otra parte, Milián asegura que “las piezas fueron llevadas a Lleida a título de depósito, pero son de propiedad aragonesa” y pide su devolución.
Milián cuenta con el apoyo de la Nunciatura Apostólica, máximo tribunal eclesiástico del Vaticano, que ha rechazado el último recurso de súplica presentado por el Obispado de Lleida obligándole a devolver tales obras inmediatamente.
Este hecho se ha acentuado con la reciente polémica surgida por los Papeles de Salamanca y ha sido usada por los detractores del Gobierno Catalán, como el Partido Popular o los sectores religiosos, a modo de venganza haciendo que aumente la crispación en la política, ya deteriorada, del país. Desde Cataluña se ha restado importancia al hecho y la “consellería de Cultura de la Generalitat” ha afirmado que “era una noticia sabida y esperada”.





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