Os propongo un juego: imaginemos por un momento como serían nuestras vidas si fuésemos americanos pero basándonos en los productos televisivos que llegan a nuestro país procedentes de los EE.UU.
Lo primero, la casa. Se ve que en Norteamérica está obligado por ley tener una casa de 2.500 metros cuadrados como mínimo. Con garaje, jardín, porche y puertas y ventanas de madera. En el interior debe haber un sofá comodísimo y una tele gigantesca. La cocina, como no, debe ser como la de Karlos Arguiñano, jodidamente grande y hasta el culo de chismes y productos para que cuando tengan que comer se note que no pasan hambre. Por cierto, en una cocina americana todo es de tamaño XXXXXXXL: las bolsas de patatas, los botes de mantequilla de cacahuete, los botes de helado y las botellas de refresco. Esto último es curioso porque aunque sean unos alcohólicos degenerados, siempre parece que hay más refrescos y zumos que no cerveza. También es obligado que los cereales estén en la caja pero sin la bolsita esa, directamente en la caja. ¡Venga por favor! Esos cereales deben estar más reblandecidos que la madre que los parió.
Otro aspecto a destacar de las casas estadounidenses es la cantidad ingente de escaleras (no escalones) que hay. Si os fijáis en las series tipo Cosas de casa, Padres Forzosos o Lizzy McGuire, en cada plano que se hace en el interior de la casa hay algunas escaleras, están por doquier y nadie sabe donde conducen, ni los propios inquilinos, pero están allí observando con silencioso pasmo.
Después llegamos a la habitación de los padres donde todo es perfecto como el propio matrimonio que se adora aunque siempre estén teniendo absurdas discusiones que siempre acaban con el marido durmiendo en el sofá y unas risas enlatadas de fondo. Una cama gigante de siete metros de altura, sin contar el colchón, con unas sábanas de seda que brillan cual supernova, ocupa el centro de ese dormitorio. A banda y banda tienen armarios y cajoneras repletas de joyas y ropa cara y para la señora un pequeño tocador donde ratificar que pese a tener ochorrosotropecientos millones de años sigue tan magnífica como siempre, sin una puta arruga y ni un jodido michelín. Su marido, un gordo borracho o un yuppie pedante que juega a golf con su jefe al que, como no, odia a muerte, seguro que los pringaos que están bajo las órdenes de súper papá también desearán acabar con él. No caerá esa breva... Nos es necesario decir que la madre no trabaja, es una abnegada ama de casa que ama su estilo de vida seguramente (y eso no nos lo ilustran) porque se beneficia al jardinero, al cartero, al cuidador de la piscina y algún que otro trabajador que pase por allí mientras el maridito le compra todos los caprichos que quiera y le pone un todo terreno de 6700 caballos de potencia en la puerta.
Antes de entrar a la habitación de los churumbeles, aclarar la cuestión de los hijos. Una familia norteamericana por ley debe ser una familia numerosa. Este hecho deja patente dos cosas: una, que es una familia del opus dei, que toda su vida gira entorno a dios y que cada domingo van a la iglesia. Dos, que se quieren con locura y como son unos padres guays y enrollados pueden cuidar a tantos hijos como les salga del culo. De esta manera deben tener un hijo adolescente, otro que vaya a primaria y aquí llega la bifurcación que diferencia a las series de los EUA, pueden tener un hijo adulto que no viva con ellos pero que esté las 24 horas del día metido en esa casa, un bebé adorable con un nombre acabado en el fonema /i/ o también pueden tener ambos a la vez con lo que formarían una súper familia feliz de cuatro hijos. Porque no lo he dicho, pero en Estados Unidos, la felicidad en una casa es directamente proporcional al número de gente que viva en ella, así pues, es mejor que vivan 30 a que viva uno solo.
Dicho esto, se entra en la habitación del niño pequeño que va a primaria. Una habitación repleta de juguetes y todos, aunque estén por el suelo, están como si los acabasen de comprar. Las paredes llenas de pósters y de dibujos que ha realizado el solito pero que distan poco o nada de los dibujos que hacen los monos del zoo cuando les dan una caja de crayolas.
La habitación del adolescente es diferente. Esta tiene que estar forrada de madera y preferiblemente contar con moqueta en el suelo para que pueda ir descalzo. Aunque la casa sea de mármol, la habitación del chico debe ser de madera, lo obliga el gobierno, chicos. La cama debe tener un edredón nórdico tan gordo y espeso que ni la luz pueda escapar de él. En las paredes, pósters: de grupos de punk rock y películas de acción si es un chaval y películas de amor y cantantes pop o hip hop si es una chavala. Aún así debe haber un ordenador con todos los accesorios del mercado (camara web, micrófono, auriculares, altavoces potentes, escáner, vamos que se note que están en la vanguardia de la tecnología.) un televisor y una videoconsola (en el caso masculino) o un tocador (en el femenino). Como los yanquis aman el deporte por encima de sus propias vidas, los jóvenes tienen un muestrario de material deportivo impresionante en sus majestuosas estancias. Desde un stick para jugar al hockey en su calle, a un balón de fútbol americano pasando por un guante de béisbol con su correspondiente bate y esa bola que cogió en un partido de los Yankees contra los Dodgers y que le firmó su ídolo en tan absurdo deporte o como él dice: el gran Mike Wallace Junior o alguna chorrada así. Por último, tienen colgada en la puerta una pequeña canasta para ir lanzando una minúscula bola de básquet mientras el chico joven y su mejor amigo están charlando sobre si debería invitar a Debbie Parker al baile del sábado.
Vayamos al instituto... Los institutos americanos parecen estar completamente aislados de la civilización. ¿O a caso habéis visto algún instituto americano en televisión donde los estudiantes vayan a pie? Si eres estudiante estadounidense debes ir a tu instituto en bicicleta, skate o autobús; en coche también pero eso en los últimos años cuando los chicos crecen. Es más, el hecho de ir en bicicleta o skate te obliga siempre a salir tarde de casa, ir a toda hostia por las aceras y los jardines de las casas y llegar a la entrada del centro haciendo una pirueta con tu vehículo, ya sea el simple salto por encima de un bordillo como un backflip to frontflip en bici o un doble hellflip to rocket air y de fakie. Se ve que los cereales si los dejas en la caja sin la bolsita esa absorben las propiedades del cartón y te dan un poder inimaginable para hacer estas cosas.
En el instituto todo está jerarquizado y todo el mundo tiene una etiqueta: los del equipo de fútbol americano, las animadoras, los del club de ciencias y los del club del protagonista. Los deportistas son los brutos, los que caminan ochenta por un pasillo empujando a los demás contra sus taquillas. Las animadoras son las putas, las que caminan solo tres por un pasillo pero la gente se aparta de ellas como si no las pudiesen tocar. Los del club de ciencias, en cambio son los que se apartan de todo el mundo. Y los del club del protagonista, sorprendentemente no forman parte de ningún grupillo en especial. Eso lo hacen para que veamos que tienen la suficiente personalidad como para ser ellos mismos, que lo sepáis.
Otro aspecto a destacar son las cuantiosas fiestas, partidos, concursos, etc. que están obligados a hacer. Que si el baile de otoño, el de primavera, el de fin de curso, los partidos contra otros centros que atraen la atención de unos 150.000 espectadores de media, las elecciones a delegado que adquieren la misma importancia que las elecciones a presidente o las famosas colectas para ayudar a los pobres de un país que no saben localizar en el mapa. Supongo que deben utilizar esto para hacernos ver que tienen ambiciones pero en el fondo son buenas ambiciones, que majos, ¿no?
Bien, me toca hablar de los coches. Si es una chica, tendrá un coche cuco: un Volkswagen New Beetle, un Toyota Rav4 o un Smart. Y siempre que se pueda, será descapotable para poder ponerse de pie y con los brazos al aire mostrándonos lo felices que son de ser americanas y tener amigas. Si es un chico, queda terminantemente prohibido que este tenga un coche de menos de 15 años. Debe ser un coche viejo y oxidado pero con una potencia infernal. Un Chevrolet Camaro del 67, un Pontiac Cuda o un Plymouth son los coches perfectos, también podría tener un Buick o un Camaro del 80 pero eso les restaría puntos en su tabla de americanismo. El coche debe ser de segunda mano y solo puede ser conducido si el chico joven y vital ha arreglado los cuantiosos problemas mecánicos con su padre en el macro garaje de su casa que vendría a ser como un Leroy Merlín (con las cosas clasificadas por pasillos e incluso con hilo musical). En estos momentos se nos muestra como el sospechoso amor padre e hijo puede coger un automóvil decrépito y asqueroso y convertirlo en un bólido de carreras con el que llevar a Debbie Parker o alguna otra furcia al baile de graduación.
No obstante, si el chico no puede arreglar el coche antiguo, existe la posibilidad que coja el coche familiar. Exacto, ese coche (preferiblemente un Ford o un Chrysler) que mide 30 metros de largo y la pintura exterior es una mezcla de chapa ocre con una banda de efecto madera.
Y finalmente llegamos a los amigos. Según la vigente constitución, en los USA solo se puede tener un amigo y existen algunas reglas de comportamiento para este. La primera, debe comportarse como si fuese uno más de la familia, esto significa comportarse de la manera más descarada posible y tratando sin ningún tipo de respeto a los padres y familiares. La segunda, siempre que entre de manera inesperada y sin llamar a la puerta debe coger algo de comer o de beber, tal y como si llegase de una travesía de 20 días por el desierto sin agua ni comida. Y la tercera, debe hacer enfadar al padre de su amigo y provocar un cariño extremo en la madre de éste que siempre le de la razón y lo defienda de su malvado padre. El caso varía si es una chica la adolescente, pues esta tiene, por norma general, dos amigas. Tienden a ser más feas que la hija, por ejemplo: una gorda y la otra afroamericana. De esta manera se da la imagen de virginal salvadora de los desamparados a la hijita querida de la familia. Este trío siempre realiza fiestas del pijama y son el objetivo del hermano pequeño que ve en estas féminas un maná de desahogo sexual.
Aún así, los mejores amigos de los hijos son sus propios padres. Es a ellos a los que acuden cuando les rechaza la novia, se enfadan con el amigo o cuando quedan traumatizados porque han visto a un chico de su clase fumar marihuana. Más que padres parecen curas en un confesorio, se muestran comprensivos y les da igual que su hijo haya violado y asesinado a cuatro mujeres porque iba ciego de cocaína, clembuterol y whisky barato de gasolinera mientras le haya dicho la verdad. La paradoja de todo esto es que nos hacen creer que lo arreglan todo con el diálogo cuando son los primeros que empiezan a repartir hostias.
Y aquí acaba mi análisis, espero que os haya hecho de bien u os haya hecho reír.